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«Incluso en los momentos más oscuros de la lucha de Sudán del Sur, me quedo aquí porque la esperanza necesita testigos». Un misionero forjado por el conflicto Mi trayectoria como misionero en Sudán del Sur está profundamente ligada a mi historia personal. Provengo de un país que ha vivido años de guerra civil y sufrimiento. El dolor del conflicto, la incertidumbre de la vida y las largas sombras que la guerra deja sobre la sociedad no me son en absoluto ajenas. Gracias a este bagaje, creía tener cierta comprensión de lo que significaba vivir y trabajar en un país afectado por el conflicto. Sin embargo, cuando llegué en febrero de 2020 para unirme al equipo del Servicio Pastoral de Solidarity with South Sudan en Juba, pronto me di cuenta de que la situación aquí presenta complejidades y desafíos propios. Sudán del Sur es una nación joven que aún busca la estabilidad y la unidad tras décadas de luchas. Las heridas de la guerra, las divisiones tribales, las dificultades económicas y las instituciones frágiles conforman la realidad cotidiana de la población. Mi «bautismo» en Sudán del Sur Apenas unos meses después de mi llegada, en mayo de 2020, viví lo que a menudo denomino mi «bautismo en Sudán del Sur». Mientras circulaba en moto por Juba, fui agredido de repente por unos chicos de la calle que me robaron el teléfono y el dinero. Fue una experiencia aterradora, pero también me permitió enfrentarme directamente a la inseguridad a la que muchas personas se enfrentan aquí cada día. En ese momento comprendí más profundamente la vulnerabilidad que caracteriza la vida cotidiana en este país. Poco después, a nuestro equipo se le encomendó la administración y gestión del Good Shepherd Peace Centre, un lugar dedicado a la formación, la reconciliación y la construcción de la paz. Asumir esta responsabilidad requirió tomar decisiones difíciles, entre ellas la reorganización del personal. Un antiguo empleado reaccionó presentando una demanda contra nosotros, acusándonos de haberle robado dinero. En un contexto en el que los sistemas legales son frágiles e impredecibles, esta fue una experiencia extremadamente estresante. Me recordó lo vulnerables que pueden ser los misioneros cuando trabajan en entornos en los que las instituciones aún se encuentran en fase de desarrollo. Estas experiencias son emocionalmente agotadoras y, a veces, intimidantes. Generan momentos de miedo y tensión a los que los misioneros deben enfrentarse constantemente. El conflicto actual y la violencia tribal en diversas partes del país también influyen en nuestro trabajo. Las noticias de asesinatos o enfrentamientos entre comunidades nos perturban profundamente y, en ocasiones, interrumpen nuestras actividades pastorales. Estas realidades pueden provocar momentos de desánimo y agotamiento emocional. La fuerza de la vocación misionera A pesar de estos retos, sigo adelante con esta misión con convicción. Lo que me sostiene es el espíritu de mi vocación misionera y la formación que he recibido de mi Congregación Claretiana. Nuestro fundador, San Antonio María Claret, nos inspiró con estas palabras: «Mi espíritu es para el mundo entero». Estas palabras me recuerdan que la misión de Dios no conoce fronteras. La misión nos invita a salir de nuestra zona de confort y a servir donde más se necesita. Nuestra oración misionera nos recuerda además que las dificultades no deben desanimarnos, sino más bien fortalecer nuestro compromiso. Cada desafío se convierte en una oportunidad para profundizar en nuestra fe y crecer en la compasión. La fuerza de la comunidad Otra gran fuente de aliento es la vida que compartimos dentro de la comunidad de Solidarity with South Sudan. Sacerdotes, religiosas y misioneros laicos procedentes de diferentes congregaciones, culturas y países viven y sirven juntos. En una sociedad a menudo dividida por identidades tribales, esta vida compartida se convierte en un poderoso testimonio de que la unidad entre culturas diferentes es posible. Nuestra oración común, la misión compartida y el apoyo mutuo nos sostienen en los momentos difíciles. La esperanza que sustenta la misión Con el tiempo, me he dado cuenta de que cada reto al que me enfrento en Sudán del Sur está moldeando también mi trayectoria misionera. Las dificultades, las incertidumbres e incluso los momentos de miedo se han convertido en parte de un proceso de crecimiento más profundo. A pesar de todo, servir a la población de Sudán del Sur me da una profunda sensación de paz y de sentido. Acompañar a las comunidades en su búsqueda de sanación, reconciliación y esperanza es un privilegio. En medio de tantas dificultades, la resiliencia y la fe de la gente de aquí siguen inspirándome. Su valentía para seguir adelante a pesar de las adversidades me recuerda que la esperanza sigue viva. Y por eso me quedo. Porque en los lugares donde el sufrimiento es grande, la presencia de quien está al lado de la gente se convierte en una señal clara de que la esperanza no se ha perdido. Padre Christy John, CMF |
Date Published:20 March 2026 Author:Father Christy John, CMF
Article Tags: Sudán del Sur, Blog, Solidarity |











